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21 ago 2011
En la arena
Cuando abrió los ojos se encontró solo por primera vez en mucho tiempo. Notó como le picaba la arena en la mejilla. No era muy agradable pero no tuvo fuerzas para levantar la cabeza. Una ola llegó hasta su rostro y le hizo toser débilmente. Se arrastró un poco más hacia la costa. Estaba cansado. Notó como los ojos le picaban a causa de la sal marina y de que estaba prácticamente desnudo. Echó un vistazo alrededor. Realmente la playa estaba desierta y el cielo nublado. No sabía que hora era, pero debía ser por la mañana, el alba, o quizá el atardecer. No tenía ni idea porque las nubes no le permitían ver la posición del sol. Lentamente levantó la cabeza y se irgió poco a poco. Cuando logró ponerse en pie notó que se mareaba y estuvo a punto de caerse al suelo. Le temblaban las piernas. Por primera vez desde hacía mucho sintió miedo. Miedo de encontrarse solo. Y eso nunca lo hubiera pensado. Volvió a sentarse en la arena. Se miró las manos, arrugadas por el agua del mar, y las piernas, blanquecinas por la sal. Y lloró. Lloró amargamente por él mismo, por la impotencia, por el miedo y por la incertidumbre de no saber dónde hallarse ni qué hacer. Cuando los sollozos remitieron volvió a mirar alrededor y esta vez no se encontraba solo.
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