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4 abr 2011

La luna brillaba en ese fondo sin fondo...

La luna brillaba en ese fondo sin fondo. Se notó consciente, respiró suavemente el aroma del húmedo bosque. Era de noche, serían las cuatro o las cinco de la madrugada y el rocío le rozaba suavemente las puntas de los dedos de sus pies descalzos.
Con esfuerzo, abrió lentamente los ojos. Y, de golpe, sintió la necesidad de toser fuertemente. Lo hizo, escupiendo el agua que había tragado, y una lágrima resbaló por su mejilla. Ya no se pudo controlar. Estaba sola. Completamente sola, sin nadie a quien poder acudir, sin nadie en el mundo. Sollozó en silencio un largo rato. Después levantó la mirada. Allí estaba el lago. Un lago oscuro que solo reflejaba las sombras de la noche y la tenue claridad de la luna.
Se sacudió las manos de tierra y se levantó poco a poco. Un crujir de hojas la hizo despejarse del todo.
Otro ruidillo logró hacerle volver la cabeza, para descubrir un bulto peludo entre unos matorrales. Se agachó cautelosa y lo rozó con los dedos. Unos ojillos la miraron desde la oscuridad, con una mezcla de miedo y curiosidad. Se observaron durante un tiempo. Después, el pequeño animalillo se arrimó más a ella buscando el calor. Arropándole entre lo que le quedaba de ropa, la joven lo cogió con cuidado y se levantó más decidida. Ahora estaba acompañada. Acompañada por alguien igual o más desvalido que ella y solo por no dejar solo a aquel indefenso ser, merecía la pena seguir adelante. Había despertado.

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