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3 oct 2011

y pasaron los días...

Uno y otro, y otro día más pasó Luanne al lado del hombre sin vista. Se llamaba Joué, o algo así le pareció entender a Luanne. El viejo le dio de comer y le ofreció su hospitalidad, a cambio, Luanne se esforzaba por entener su lengua y tratar de explicarle su historia, pero nunca lo conseguía porque no recordaba muchas cosas. Algunos días ayudaba a Joué con sus labores, dado que por su edad, algunas le costaban más trabajo. Sin embargo le costaba, es como si no fuera ella misma. Se preguntaba amenudo cómo había llegado hasta aquella pradera cerca de ese extraño e inmenso lago que parecía carecer de orilla. Varias veces había vuelto allí, a aquel lugar en el que apareció medio desnuda y muerta de frío, pero no sacaba ninguna conclusión. Al pequeño animalillo que le acompañaba a todas partesle había puesto Pop como nombre, porque le hacía gracia como comía los granos de trigo tostados con sus patitas muy juntas.
No sabía cuanto tiempo había estado en la cabaña de aquel hombre pero un buen día, oyó una conversación entre Joué y su señora, la dueña, suponía Luanne, de la despensa en la que se había colado la primera vez, en la que hablaban de un joven que había llegado al castillo de una, al parecer, bien colocada familia y que nadie sabía de dónde era. no estaba muy segura de haber comprendido bien, pero oyó las palabras "joven" y "castillo", que sí había aprendido, y por el tono interrogante de ambos, dedujo que el tema le interesaba, y aquella noche decidió encontrar a ese joven.